Expectativas de los padres hacia sus hijos

La llegada de un hijo trae consigo emoción, ilusiones, felicidad y muchas expectativas. Los padres tratamos de dar a los hijos lo que consideramos es lo mejor desde nuestra experiencia. Con frecuencia ponemos en ellos también nuestros propios sueños y buscamos brindarles las oportunidades que no tuvimos. Al hacerlo podríamos transmitirles nuestras frustraciones.

Muchas veces desear que nuestros hijos logren las metas que nosotros imaginamos, puede convertirse en una carga muy pesada para ellos, incluso llegar a interferir con sus propios deseos. Las expectativas son importantes para su desarrollo, nos ayudan a trazarles un camino y a guiarlos en el logro de sus metas. Para alcanzar este objetivo es necesario tomar en consideración su personalidad, intereses y motivaciones.

Los pequeños al nacer necesitan de atención y protección. Los padres no solamente les proporcionamos los cuidados que necesitan a nivel físico y afectivo, sino que también les ayudamos a formarse una imagen de sí mismos. Es decir, nuestra actitud, disposición y las palabras que usemos para relacionarnos, les irán enviando importantes mensajes sobre quiénes son y quiénes pueden llegar a ser. Así, los padres nos convertimos en una suerte de espejo donde se ven reflejados. En este sentido, mostrar expectativas constituye una pieza clave en la formación de su autoestima y ayuda a potenciar su desarrollo.

Cuando son niños y aún no han definido claramente sus intereses ni descubierto sus habilidades, nuestro rol es hacerles sentir que pueden alcanzar muchos logros y ser buenos en distintos campos. Es importante para ello, darles la oportunidad de tener diversas experiencias y oportunidades para desarrollar diferentes talentos. Así, podemos convertirnos en sus guías para descubrir con ellos sus preferencias y generar oportunidades de aprendizaje. Por ejemplo, para que puedan desarrollar determinadas habilidades, ya sean musicales, deportivas, etc. nos esforzaremos por brindarles los espacios necesarios para aprender y les transmitiremos confianza y seguridad en sus capacidades para lograrlo.

Las expectativas abarcan diferentes ámbitos de la vida, encontramos expectativas sociales, físicas, académicas, de talentos diversos (artísticos, deportivos), familiares o de roles, etc. Por ello, es importante tener claro y reflexionar acerca de lo que esperamos de cada uno de nuestros hijos y de lo que queremos lograr como familia en todos esos aspectos. Evidentemente, debemos tomar en consideración la edad y los recursos de nuestros hijos. En ese sentido, es importante estar informados sobre lo que pueden lograr a cada edad y haberles enseñado las destrezas previas necesarias para que puedan cumplir lo que se les plantea.

Cuando las expectativas hacia nuestros hijos son muy altas, pueden convertirse en un obstáculo para su desarrollo e incluso generar sentimientos de culpa, tristeza y frustración. Si la exigencia sobrepasa sus capacidades, podrían desarrollar tensión, preocupación y sentirse obligados a satisfacer los deseos de sus padres, sacrificando los propios. Pero a la vez es importante ayudarlos a sobrellevar estas experiencias, centrarnos en los procesos que vivieron y las oportunidades de crecimiento y aprendizaje que tuvieron. Es necesario que los niños sepan que con práctica y esfuerzo muchas cosas que no logran en un primer momento también se pueden alcanzar.
Tener expectativas es positivo ya que ayuda a que nuestros hijos se esfuercen por alcanzar determinados logros y transmite la confianza de que lo pueden hacer. El reto para los padres está en ajustarlas a la realidad, en saber dosificar el nivel de exigencia y en tener claridad sobre lo que esperan de cada uno de ellos.

Para lograrlo es importante tomar en cuenta algunas recomendaciones:

  • Reconocer nuestra experiencia y evitar proyectarla hacia nuestros hijos automáticamente. Es importante aprender a diferenciar lo que ellos realmente quieren y pueden de lo que nosotros esperamos.
  • Tener expectativas claras y plantearlas de manera positiva ayuda a que los niños sepan lo que se espera de ellos y a encontrar un camino para lograrlo. Por ejemplo “me encanta ver cuando recoges todo después de jugar y tu cuarto queda ordenado” en lugar de “Tu cuarto siempre está desordenado”.
  • Promover momentos de escucha y conversación en familia nos ayuda a conocer mejor a nuestros hijos y saber qué es lo que les atrae o les disgusta. El diálogo, así como la observación atenta nos permiten ajustar nuestras expectativas y conocer sus deseos y gustos.
  • Adecuar las exigencias al nivel de desarrollo de los hijos. La edad es un factor importante a tener en cuenta al momento de plantear los objetivos. Las tareas que se les planteen deben ser suficientemente interesantes para que los motiven y razonablemente complejas como para que puedan llevarlas a cabo con esfuerzo y éxito.
  • Enseñarles a trazarse metas y a lidiar con los retos los ayudará a alcanzar con éxito pequeños logros que progresivamente les irán generando mayor confianza en sí mismos. En un futuro esto les enseñará a terminar aquello que empiezan.
  • Reforzar los logros y valorar el esfuerzo para cumplir con las metas planteadas. Reflexionar sobre cómo llegaron a la meta asegura que sepan seguir avanzando.
  • Evitar comparaciones. Es importante que transmitamos a nuestros hijos que son únicos y adecuemos nuestras expectativas al esfuerzo individual.
  • Ver el error como oportunidad de aprendizaje es una manera de transmitir a nuestros pequeños que confiamos en ellos y que siempre se puede seguir intentando. El error es algo natural cuando uno se atreve a ir por metas altas o nuevas.
  • Mantener una comunicación activa con la escuela nos ayudará a recabar información sobre cómo es nuestro hijo con sus compañeros, cuáles son sus talentos académicos y qué áreas curriculares disfruta más, así podremos saber hacia dónde orientará sus intereses en el futuro.

Debemos ser conscientes de que nuestros hijos en algún momento de su vida enfrentarán situaciones que podrían llevarlos a la frustración, lo cual es saludable, ya que les permite aprender a lidiar con el fracaso. Nuestro deber es acompañarlos y ayudarlos a rescatar lo positivo de cada situación. Es importante que sepan que nuestro amor por ellos siempre estará por encima de los logros que puedan alcanzar o los fracasos que puedan experimentar.
Descubrir los talentos e intereses de nuestros hijos, desde lo que son y lo que pueden llegar a ser con nuestro apoyo, así como ajustar nuestras expectativas a ellos es un reto importante que como padres debemos aprender a manejar. Esto les dará la confianza necesaria para explorar libremente sus gustos y transmitir sus preferencias en este mundo.

Referencias:

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